Quién es Quién en el negacionismo climático

Recopilación de extractos de artículos del blog de  Ferrán P. Villar , quien de forma muy clara, habla de las personas, grupos de presión y difusión de ideas que están detrás de la promoción de que el hombre no es de ninguna forma responsable del cambio climático. Leer antes de emitir juicios.

Negacionismo climático: definición

A falta de una definición académica del negacionismo climático – a pesar de que publicaciones científicas importantes como Nature y otras emplean el términodenialism sin complejos (1) – ofrezco una de cosecha propia:

“El negacionismo climático consiste en un escepticismo fingido o irracional con respecto a los resultados de la investigación en el terreno climático, expresados ​​estos últimos de forma rigurosa mediante el método científico y el proceso de avance de la ciencia, y que responden a una realidad objetivamente verificable. Su objetivo es evitar, o al menos retrasar, la puesta en marcha de acciones correctivas por la vía de crear dudas infundadas en el conjunto de la opinión pública. “

En ciencia, el escepticismo es un concepto central y necesario, y forma parte inherente del proceso de avance del conocimiento científico. De forma general, este escepticismo, y el debate que conlleva, se expresa en el marco de la Academia, en particular mediante la publicación de los trabajos de investigación en revistas científicas homologadas, revisadas por iguales, cuyos resultados pueden ser replicados o bien desmentidos.

En cambio, el negacionismo climático raramente hace uso de estos procesos científicos homologados – a menudo porque los trabajos que propone contienen errores evidentes, es decir, no superan los filtros previos (noaprueban, diríamos) – y, en caso que alguno de ellos logre superarlos, son desmentidos a no mucho tardar.

Legitimación aparente del discurso negacionista

No obstante, el negacionismo climático necesita de científicos con título de doctor para legitimar y presentar una apariencia de credibilidad pública a sus argumentos fabricados.

En estas circunstancias, los escritos de esta gente se expresan sobre todo en libros – que no están sometidos a revisión – y en el marco de una gran cantidad de think-tanks (institutos de generación de opinión) conservadores – tanto los tradicionales como muchos otros creados al efecto. Un estudio demostró que el 92% de los libros negacionistas climáticos en lengua inglesa han sido editados por estos think-tanks (2). Por otra parte, su actividad en Internet es muy intensa: los blogs negacionistas superan con creces, en número y en actividad, a los blogs que tratan el asunto con rigor.

Finalmente, también la prensa diaria se hace eco de los postulados negacionistas de forma ocasional, en una aplicación inadecuada del concepto de equilibrio informativo (3) – como si la evidencia científica fuera algo susceptible de ser sometido al veredicto de la opinión pública, y los resultados no hubieran sido mucho más contrastados que cualquier información periodística estándar.

El cuerpo de conocimiento científico en cambio climático se sustancia en un organismo, denominado IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), que fue creado en 1988 a iniciativa de George HW Bush con el apoyo de la mayor parte de la comunidad científica. De esta manera, el presidente norteamericano intentaba desactivar el discurso alarmante (que no alarmista) que los climatólogos llevaban emitiendo durante por lo menos una década y que, a su juicio, había llegado demasiado lejos. Tan lejos como para proponer, en 1988, objetivos de reducción de emisiones del 20% con la vista puesta en 2005 (4).

Así, además de integrar a toda la comunidad científica del clima (miles de personas) y toda la producción científica dispersa realizada durante el periodo (el IPCC no realiza actividades propias de investigación), este organismo emite, junto a cada uno de los informes periódicos – que emite cada cinco años aproximadamente – un resumen para legisladores.

Las normas del IPCC exigen que el texto de este resumen sea aprobado por launanimidad de todos los gobiernos del mundo, y que a la vez no sea objetado por ningún científico líder. Las inmensas presiones sobre la retórica que se producen en cada ocasión hacen que este resumen, único documento que es leído fuera de la comunidad especialista emisora ​​del informe completo, resulte sensiblemente aguado respecto a la percepción que los científicos naturales tienen del problema.

Que niega el negacionismo, y por qué

El negacionismo climático lo niega todo. A grandes rasgos […] cualquier evidencia científica intermedia que sirva de fundamento a estas conclusiones. Unos niegan que haya calentamiento; otros admiten su existencia pero niegan su magnitud. Los hay que admiten la magnitud, pero niegan que vaya a seguir creciendo. Algunos de los que admiten que puede seguir creciendo afirman que será bueno; quienes admiten que no será bueno niegan que las consecuencias puedan  ser catastróficas. Los que admiten que pueden ser catastróficas abogan por la mera adaptación. En este sentido, el negacionismo climático es internamente muy contradictorio. Pero hay algo que todo el negacionismo rechaza con unanimidad: que el cambio climático, si existe, sea atribuible al uso de combustibles fósiles.

Por otra parte, los negacionistas climáticos, y la gran mayoría de sus seguidores en la opinión pública, suelen compartir un atributo común: su creencia en las virtudes de la economía de mercado desregulada y en crecimiento perpetuo (42), el denominado fundamentalismo de mercado – hoy diríamos neoliberalismo. Esto es especialmente cierto, pero no sólo, para el caso de líderes de opinión que no son científicos naturales sino sociales, en particular economistas, mucho más atendidos por los medios de comunicación y la clase política que los científicos naturales.

Esto nos lleva a comprender uno de tantos mecanismos psicológicos que utiliza el negacionismo en su favor. Dado que el abordaje del problema climático no parece posible sin una planificación significativa de la economía, las personas con alergia a este concepto están sometidas al sesgo de confirmación de modo que, cuando reciben una noticia de carácter negacionista, le otorgan mucha mayor credibilidad que cualquier otro comentario de la realidad climática que acaba afirmando que la única forma de resolverlo es reduciendo las emisiones. Un mecanismo paralelo bien estudiado es la teoría del razonamiento motivado(43).

Finalmente, un número no despreciable de científicos negacionistas sonfundamentalistas cristianos, personas para quienes el árbitro de la realidad no es el método científico, sino la literalidad de la Biblia. Este hecho es muy acusado en EE.UU, mucho más que la creencia general, y tiene una influencia entre las élites mucho mayor de lo que se suele suponer (44).

La combinación de alergia a la regulación de la economía y el elemento común de negación nos acerca al origen del negacionismo organizado, en particular a la financiación de la maquinaria. Efectivamente: el negacionismo climático tiene origen en, y es indisociable de, la maquinaria de promoción del pensamiento neoliberal originada en los años 1930 en la Mont Pélérin Society y reforzada en los años 1970 a partir del Informe Lewis Powell. Sus financiadores principales, pero en absoluto únicos, son las empresas relacionadas con la energía.

Dos textos académicos nos acercan a esta realidad:

“Demostramos que distintas organizaciones del movimiento conservador se han movilizado durante los últimos años en forma de contra-movimiento de oposición a los esfuerzos del movimiento ecologista, y de sus aliados, para mostrar la gravedad de los problemas medioambientales globales.” – Aaron M. McCright and Riley E. Dunlap (2000), Departamento de Sociología, Washington State University (45)

De modo que:

“Las afirmaciones contrarias de los escépticos tienen una importancia secundaria … la lucha sobre el estado del planeta es una lucha sobre los valores sociales dominantes que institucionalizan obligaciones y esquemas de poder. Esta reacción ha quedado eclipsada, cuando no completamente oculta, debido a que los académicos se han preocupado demasiado de las propias afirmaciones contrarias y han dejado el significado del propio escepticismo relativamente indeterminado y subanalizado.  Peter J. Jacques (2006), Department of Political Science, University of Central Florida; Department of Sociology, Oklahoma State University (46)

Así pues no son tan importantes los argumentos concretos del negacionismo, que no consiguen superar el examen riguroso del método científico, como su significación como contra-movimiento de rechazo a unas evidencias que cuestionan los propios fundamentos de la sociedad industrial actual y, sobre todo, valores y estructuras de dominación consideradas inmutables.

Antes de examinar su estructura veamos, sin embargo, las estrategias que utiliza.

Objetivo y estrategias del negacionismo climático

El negacionismo organizado no tiene como objetivo vencer debate científico alguno, pues es bien consciente de que, en el marco de la Academia, lo tiene perdido de antemano. El objetivo del negacionismo organizado es paralizar la acción política de respuesta al fenómeno por la vía de crear dudas en la población acerca de la validez de los resultados científicos, tanto los que se dirigen a las causas como, singularmente, los que proponen respuestas, necesariamente radicales al resultar ya insuficientes las soluciones incrementales – tal vez válidas estas últimas hace algunas décadas. Estas dudas son creadas aprovechando diversas características de la mente humana bien estudiadas por la psicología, y de uso cotidiano por parte de la industria de la publicidad y la política.

Además explota un rasgo específico, como es el mecanismo de defensa: ninguno de nosotros quiere creerse que todo esto está sucediendo, y mucho menos que ocurre con la severidad que acabo de describir. Es muy difícil ser inmune al sesgo de confirmación sin ser especialista (e incluso se sucumbe ocasionalmente en este caso), ya que la asunción cabal del problema nos llevaría a cuestionar en exceso no ya nuestros comportamientos, sino la visión del mundo que teníamos hasta ahora. Hasta el punto de que, de mantenerla, podría llevarnos a superar nuestro nivel tolerable de contradicción íntima (47).

De forma general, el negacionismo organizado hace uso de la ‘segunda dimensión del poder’, en términos de Steven Luke, ‘movilizando el sesgo’ en beneficio de unos grupos y personas, y a expensas no ya de otros (48,49), sino del futuro entero de la humanidad y de la casa común. A su vez ha hecho suya, y aplicado con éxito, la teoría sobre la hegemonía cultural del comunista italiano Antonio Gramsci (50), y las técnicas de propaganda de Edward Bernays (51).

El negacionismo climático tiene algunos antecedentes de los que ha aprendido su eficacia. El más notable es la negación de los efectos nocivos del tabaco, que permitió a las compañías tabaqueras evitar la acción política durante cincuenta años, provocando por el camino cien millones de muertes prematuras en nombre de la libertad y la eficiencia económica. El negacionismo climático y el del tabaco comparten no sólo organizaciones (think-tanks, agencias PR) y fuentes de financiación, sino incluso personas: algunos ‘científicos’ negacionistas climáticos habían trabajado con anterioridad para la industria del tabaco. También para la del amianto, los refrigerantes y propelentes CFC’s, y muchas más (52). Incluso para la industria del automóvil, llegando a negar las ventajas del cinturón de seguridad – cosa que alguien como Xavier Sala-i-Martin defiende todavía hoy, contra toda evidencia, en programas televisivos catalanes de promoción de la doctrina neoliberal (53). Con estos antecedentes, el poder económico descubrió que resulta mucho más eficaz cuestionar en público la validez de los resultados científicos que, simplemente, presionar a los órganos legislativos.

No obstante, el negacionismo climático es mucho más poderoso (y peligroso), se ha sofisticado considerablemente, y está internacionalizado en gran medida.

  1. Una de las líneas estratégicas principales del negacionismo organizado consiste en aparentar que son muchos, que su número es comparable a la de los científicos honestos. Esto se consigue mediante la creación de un gran número de think-tanksad hoc, de forma que estas organizaciones contratan a las mismas personas para elaborar informes similares, pero los emiten bajo un paraguas distinto. Estas informaciones son entonces reproducidas urbi et orbi por los medios de comunicación afines, mediante lo que se conoce como la cámara de resonancia.

Imagen: Greenpeace

Mediante la adscripción a multitud de organizaciones ad hoc, el negacionismo organizado consigue aparentar que hay muchos más científicos negacionistas de los que hay realmente

En cambio, un conocido estudio de 2011 muestra que sólo un máximo del 3%de los científicos relacionados con el clima son negacionistas, y que, además, son los peores cuando se les evalúa por la cantidad y relevancia de su producción científica (54).

Por el contrario, un conocido trabajo de la historiadora de la ciencia de la Universidad de California, Naomí Oreskes, puso de manifiesto en 2004 la unanimidad de la comunidad científica respecto a la realidad del cambio climático y de sus causas (55), y un estudio muy reciente muestra que, de entre 13.926 papers académicos analizados, sólo 24 (el 0,17%) rechazan el cambio climático – esos que han conseguido superar los filtros, tal vez por haber elegido publicaciones desegundo orden en la mayoría de los casos, con revisores poco especializados – y han sido citados en promedio tres veces menos frecuentemente que el promedio de todos los demás. El autor señala que:

“De algo podemos estar seguros: si alguno de esos artículos [negacionistas] hubiera encontrado la panacea que falsara el calentamiento global antropogénico, estaría en camino de ser uno de los más citados de la historia de la ciencia.” (56)

Así, no es de extrañar que gran cantidad de academias de ciencias de todo el mundo hayan asumido los resultados de la ciencia del clima, se hayan producido gran cantidad de advertencias y llamamientos públicos desde estas instancias y que la revista Science publicara en 2011 un breve texto, firmado por 255 científicos, en el que se declaraba que los resultados de la ciencia del clima eran tan consistentes como los de la evolución o el origen del universo (57).

  1. Otra estrategia central se refiere al concepto de incertidumbre. Por una parte emplean el término de forma equívoca, sabiendo que el concepto popular de incertidumbre no es el científico, sino el económico, que equivale a “no se sabe”. En caso de que tengan en cuenta el concepto científico amplifican sus márgenes, o directamente toman por bueno el margen más conveniente (normalmente el inferior), sin tener en cuenta que la incertidumbre opera en ambos sentidos (es más: se ha demostrado que es más probable el margen ‘peor’ que el ‘mejor’) (58).

Este hecho se hace evidente cuando los economistas entran en acción y definen los llamados modelos integrados económicos-climáticos en los que, además de descontar el futuro adoptan, sin advertir al lector, las predicciones climáticas más moderadas, a menudo sin ningún apoyo científico (59).

Finalmente, el negacionismo emplea el denominado método SCAM (Scientific Certainty Argumentation Method) (60), bien estudiado, según el cual ‘no me creeré nada si no me lo dice usted con toda certidumbre y exactitud’. Como si el hecho de no conocerlo absolutamente todo con toda exactitud implicara que no conocemos nada en absoluto. Para ellos, la ciencia todavía no ha dicho la última palabra, lo que es completamente falso por lo menos respecto a las cuestiones básicas (61), de todo punto suficientes para motivar la adopción de medidas correctoras drásticas.

En este campo se aprovechan del rigor científico y del habla normalmente cauta y prudente de los investigadores. Es teóricamente imposible dar, en términos científicos, algo por absolutamente cierto. La comunidad científica nunca se expresa en estos términos, sino que habla de (conclusión) probable, muy probable, certeza virtual, que normalmente cuantifica objetivamente (a veces subjetivamente de forma colectiva), con los correspondientes márgenes de incertidumbre expresados ​​en % o en la unidad de que se trate. [Entiendo que este comportamiento, exigible en el entorno formal de la Academia, debería ser revisado (y no penalizado) cuando se dirigen al público].

  1. Una tercera estrategia consiste en politizar la ciencia. Esta expresión resultará sin duda sorprendente a todo científico que la oiga por primera vez, a quien le parecerá un verdadero oxímoron. No estamos hablando de politizar la aplicación de la ciencia (de la tecnología, pues), cosa que tiene todo el sentido. Lo que hace el negacionismo es dar la impresión de que los resultados ‘oficiales’ de la climatología son 1) ‘de izquierdas ‘o bien 2) un producto ‘del sistema’. Convierten un problema físico en un problema político (62).

De esta forma se aprovechan del desconocimiento general del método y del proceso científico (del que por otra parte se llenan la boca afirmando que sólo ellos lo emplean con rigor), y trasladan las conclusiones de los climatólogos y asimilados al terreno de la opinión, polarizando la misma. En estas circunstancias se produce el fenómeno típico de la comunicación política: todos tenemos tendencia a atribuir mayor credibilidad a los argumentos emitidos por personas o ideologías con las que nos identificamos. Así pues, en estas condiciones inducidas siempre existirá un número significativo de personas, líderes de opinión o políticos, que ejercerán de contrapeso, a menudo suficiente, de cualquier iniciativa que pretenda legislar en favor de la disminución del uso de combustibles fósiles.

Una manifestación de esta politización tiene como diana el propio IPCC. En la medida de su carácter ‘intergubernamental’, y el hecho de estar en la égida de Naciones Unidas, se le acusa de organismo politizado y sometido al sesgo del pensamiento de grupo, cuando no se le acusa directamente de conspirador, generador de argumentos que conduzcan a un ‘nuevo orden mundial’, naturalmente socialista, y con base en la ONU. Perspectiva que, desde luego, es rechazada por los emisores del argumento de forma radical (63).

La eficacia de esta estrategia se debe a que resulta a todas luces evidente que, si hubiera que reducir drásticamente las emisiones de CO2, esto deberá llevarse a cabo en el terreno internacional, y algún organismo tendrá que velar por los acuerdos a los que se pueda llegar y, eventualmente, forzar su cumplimiento.

Una variante consiste en establecer una narrativa que describe a los científicos del IPCC como incompetentes (‘esos muchachos del IPCC ‘), gente que esgrime una’ teoría’ a la que llegan a través de unos modelos imperfectos. En este punto se hace uso de la confusión popular entre los conceptos de ‘teoría’ e ‘hipótesis’, del desconocimiento de la diferencia sustantiva entre modelos de las ciencias ‘duras’ y los modelos económicos, y se oculta el hecho de que la ciencia del clima emplea los modelos como una herramienta más: muchas de las conclusiones, en todo caso las más relevantes, no necesitan de los modelos para estar lo suficientemente bien fundamentadas (64). Finalmente, el hecho de que la derecha considere incompetente a la izquierda es un hecho bien estudiado, que el negacionismo también sabe aprovechar.

Por otra parte, el hecho de atribuir ‘oficialidad’ a los resultados de la climatología, narrarlos como los ‘originados en el sistema’, obtiene eco en determinados grupos sociales con sensibilidad de izquierdas, y también entre ciertos grupos de adolescentes.

  1. En entornos más elaborados, el negacionismo ha encontrado un buen aliado en la filosofía de la ciencia, como cuando hace referencia a Thomas Kuhn. También en algunas manifestaciones simplificadas del posmodernismo, en particular y especialmente a Paul Féréyabend, que son leídos como legitimadores teóricos de la ausencia de verdades absolutas, ni siquiera las evidencias científicas (65,66).
  2. Hay (por lo menos) una última línea estratégica que refuerza el conjunto: el inversionismo, a saber, acusar al otro de lo que uno mismo hace. Se trata de atribuir la ejecución de las estrategias mencionadas más arriba a todo aquel que defienda los resultados de la ciencia del clima, la gravedad del problema o plantee soluciones que incomoden al poder económico (63,67). Entre un gran número de ejemplos destaca el comentario de la cadena Fox, acusando a James Hansen, considerado el mejor climatólogo del mundo, de obrar de la misma forma que cuando la industria del tabaco pagaba a los médicos para negar los peligros del tabaco (68).

El negacionismo organizado abastece todos los flancos de influencia social. Desde la preminencia de diputados y senadores electos afines al negacionismo hasta la intervención en los programas educativos infantiles (69), pasando por la financiación de departamentos universitarios y comunidades religiosas, la promoción de posicionamientos preferentes en las búsquedas de Internet, la publicación de anuncios negacionistas en los periódicos de gran tirada, campañas de marketing directo de gran alcance, censura gubernamental sistemática de informes científicos (70,71,72), dificultades en la publicación de trabajos de investigación (73), y presión incesante sobre los medios de comunicación (74,75), el negacionismo climático ha logrado penetrar en todos los ámbitos sociales.

El objetivo instrumental del negacionismo organizado consiste en provocar que el debate científico, en lugar de producirse, y decidirse, en la Academia entre expertos, tenga lugar en público, entre el público, ‘democráticamente’, en lo que se conoce como ‘fabricación de controversia’ creando así la impresión de que las afirmaciones de cada parte tienen la misma legitimidad (76). El argumento, naturalmente, tiene trampa, ya que, por una parte, la ciencia es esencialmente no democrática. Por otra, el negacionista profesional de turno que ‘debate’ tiene a su disposición un ‘libro de estilo’ con un arsenal de contra-argumentos que, si bien de todo punto falaces, resultan virtualmente imposibles de desmontar por parte de un no experto. Y ello sin contar con las múltiples astucias de la propaganda, que también conocen bien, y que van desde dejar siempre el último comentario en un blog o una noticia, ganando por agotamiento y aprovechando el efecto de ‘la última palabra’, al ataque personal en el caso de que se encuentren con oponentes bien informados que no entran en su juego. Si no pueden ganar el argumento, intentan destruir a su portador mediante falsedades.

Finalmente, si alguien, buen conocedor del panorama, se niega a debatir, siempre se le podrá tachar de cobarde o, simplemente, asegurar que adopta esta posición porque no dispone de argumentos válidos. En el ámbito celtibérico, los negacionistas profesionales no escapan a la funesta manía de ridiculizar e insultar, pero no se han alcanzado (tal vez todavía) los niveles deintimidación organizada (77), demandas judiciales ‘estratégicas’ (78) y amenazas criminales (79) que ha sufrido todo científico o comunicador que haya osado expresar su opinión en público en EE.UU, Gran Bretaña y Australia, principalmente (80).

Phil Jones antes

Phil Jones, antes del Climategate

Phil Jones después

Phil Jones después

Las cosas han llegado a extremos insoportables, como las acusaciones a Phil Jones en el caso Climategate, que han sido examinadas en detalle por siete tribunales académicos que han concluido rechazando categóricamente las acusaciones de malas prácticas científicas (81) y restituyendo su reputación.

A James Hansen, el climatólogo jefe de la NASA, le incendiaron su vivienda en enero de 2005. Tuvo suerte, pues hacía pocas semanas que se había mudado y su secretaria todavía no había comunicado oficialmente el cambio de domicilio a su organización. El mismo día, un camión que se dio a la fuga atropelló e hirió severamente a un colaborador suyo, Larry Travis, en la avenida Broadway (82).

Vemos pues que la ejecución de estas líneas estratégicas da lugar a una gran tipología de acciones concretas tanto en el terreno mediático como en el político. Pero ¿con qué instrumentos cuenta la maquinaria?

La organización del negacionismo climático

El negacionismo climático, como hemos visto, tiene como origen, está financiado por, y se soporta en, la poderosa estructura de promoción del pensamiento neoliberal, que sabemos triunfante. Emplea las mismas organizaciones, aunque ha desarrollado un número importante de terminales específicos que, no obstante, quedan bajo la supervisión de la red principal. El gráfico da una idea de la composición de esta maquinaria.

Maquinaria de negación
Esquema de funcionamiento de la maquinaria de negación. Las líneas continuas indican transferencia de fondos; las discontinuas no la excluyen, pero indican otras formas de influencia principal.

Destacaremos aquí tres grupos principales: las agencias de comunicación PR, los think-tanks y las fuentes de financiación.

Agencias PR

Las agencias de comunicación, o de relaciones públicas (PR) son, junto a las fuentes de financiación, el elemento más invisible del conjunto. Constituyen la interfaz necesaria entre los emisores del mensaje negacionista y los diferentes destinatarios.

Su función es de doble dirección: por una parte, empaquetar atractivamente los argumentos negacionistas y difundirlos con eficacia retórica, organizativa y temporal; por otra, estar pendientes de la opinión pública y de las dinámicas de los destinatarios con el fin de ajustar los mensajes y sus emisores a cada situación concreta. Se enorgullecen de conseguir que, sin que ni usted ni yo sepamos muy bien por qué, un día nuestra opinión o posicionamiento se haya decantado levemente en su favor – de hecho en favor de su cliente. Suficientes salvas de esta táctica estratégicamente ingeniadas acaban consiguiendo que compremos el producto, la idea, o la ideología que representan.

Su relación con los medios de comunicación es de preminencia y condicionamiento de los contenidos, en la medida de que son a su vez agencias de publicidad por cuenta de grandes clientes, empresas que a menudo coinciden con las que financian la maquinaria (83).

Estas agencias, de las que raramente se habla, constituyen grandes corporaciones multinacionales con tentáculos en casi todos los países del mundo. En 2005, las 25 primeras empresas facturaron alrededor de 40.000 millones de dólares (84).

Think-tanks

Los think-tanks (institutos de generación de opinión) activos en el negacionismo climático se pueden dividir entre 1) los tradicionales (Hudson Institute, American Enterprise Institute, Hoover Institution, etc.), unos 5 como máximo; 2) los creados en la égida anti-mayo-68 creados en los años 70 (Cato Institute, Adam Smith Institute, Competitive Enterprise Institute, National Center for Public Policy Research, etc., hasta más de 100), cuyo objetivo principal es combatir la socialdemocracia y desacreditar el ecologismo creciente; y 3) los creados ad hoc para el tema climático (Center for the Study of Carbon Dioxide & Global Change, Citizens for the Integrity of Science, Environmental Literacy Council, Global Warming Policy Foundation, Heartland Institute, etc., más de 50), que pueden ser catalogados también dentro del contramovimiento antiecologista iniciado en los años 1970 (85) y que ha sido denominado como el ‘asalto neoconservador a la Tierra’ (86). Por su parte el George C. Marshall Institute, creado para hacer creer a la población, contra la opinión de toda la comunidad científica, que la ‘guerra de las galaxias’ de Ronald Reagan era técnicamente posible, fue reconvertido al negacionismo climático tras la caída del muro de Berlín (87).

Ni una sola de estas organizaciones lleva a cabo actividades propias de investigación científica en el ámbito climático. En cambio, están completamente al día y su misión es la de generar pseudo-argumentos de apariencia científica y verosimilitud pública, que ponen a disposición de las agencias de PR para que sean posteriormente asumidos por la tropa formada por un gran número deastroturf, grupos de acción y medios de comunicación, estos últimos con diferentes grados de convicción. Los think tanks son los estrategas del negacionismo: diseñan, fabrican y comercializan ideas digeribles en primera instancia, y las agencias de PR aportan buena parte de la vertiente táctica y de distribución (88). Su imbricación es muy grande, hasta el punto de que los think tanks realizan muchas actividades de PR, y las agencias PR pueden ser consideradas think tanks especializados en la distribución de ideas.

Estos think-tanks, algunos de los cuales tienen presupuestos fabulosos y decenas de doctores en plantilla (fellow members) o como colaboradores habituales, están compuestos típicamente, bien en sus órganos de gobierno o en su condición de financiadores habituales, por empresas energéticas, químicas y farmacéuticas, aseguradoras, empresas de sanidad privada, potentes gabinetes jurídicos, las propias agencias de PR y profesionales y propietarios de medios de comunicación. Por ejemplo, el Cato Institute, uno de los referentes del pensamiento neoliberal y uno de los más activos en negacionismo climático, con un presupuesto anual de más de $ 20.000.000 (datos del año 2005, ver detalles y orígenes de financiación aquí) es un ejemplo paradigmático: Rupert Murdoch, el negacionista mediático de referencia asociado a capital saudita, ha formado parte durante muchos años de su consejo de administración (89). A su vez, el Cato Institute financia otros 25 ‘sub-think-tanks’, muchos de ellos también activos en el negacionismo climático.

Esquema simplificado de la red europea de negacionismo climático. Fuente: Mapping Europe’s climate deniers, Corporate Europe Observatory, diciembre 2010) – Pulsar para mayor resolución

Además, estas organizaciones forman grandes redes internacionales, como la Stockholm Network o la International Policy Network, con alrededor de un centenar de organizaciones cada una.

Fuentes de financiación

¿Quién paga todo esto? Naturalmente las grandes empresas, sobre todo las que resultarían más afectadas por las políticas climáticas en particular o medioambientales en general (energía, química, farmacéutica y asimiladas), junto con los beneficiarios de las privatizaciones y reducciones fiscales que promueven. También contribuyen, y realizan acciones por su cuenta, diferentes asociaciones empresariales, como las que agrupan las empresas del carbón, petróleo y gas, eléctricas, ferrocarriles y, en general, los grandes consumidores de energia, además de las cámaras de comercio. Estos intereses encuentran acomodo, principalmente, en la Business Roundtable (90).

Finalmente, es de todo punto significativa la contribución de particulares a través de fundaciones personales, muchas de ellas organizadas alrededor de laPhilanthropy Roundtable en funciones de ‘Soviet Supremo’. Fortunas como las de las familias Bradley, Scaife, Olin, William Simon, los hermanos Koch, hasta unas 30 (91), y las familias fundamentalistas cristianas de orientaciónreconstruccionista Ahmanson y DeVos, esta última ex-propietaria de Blackwater(92), son también grandes contribuyentes habituales a la maquinaria del negacionismo climático.

Las cantidades destinadas al negacionismo climático son inmensas, y en absoluto comparables a las que reciben las organizaciones dedicadas a la promoción y difusión del problema climático (93). Sin embargo el negacionismo rechaza esta afirmación, pues incluye en sus cálculos las cantidades dedicadas a la investigación científica financiada con fondos públicos, que tachan de ‘gubernamental’ y así, según su argumentario, tendenciosa.

Para saber más

El Heartland Institute “pillado”

Noticia en RT: ¿El cambio climático “enciende” la economía?

Noticia en RT: El cambio climático es responsabilidad de sólo 90 compañías

Noticia en RT: Petroleras gastan millones de dólares en caldear el mito del cambio climático

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3 comentarios en “Quién es Quién en el negacionismo climático

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